miércoles, 26 de julio de 2017

CUENSO (CUENTOS DE VIDA CASI EN VERSO)

EL CIELO SE DERRAMÓ ABRUPTO, ÁSPERO, 
ENFERMO DE ALTURA;
ENFRIANDO CUERPOS,
 LIBERANDO ALMAS JADEANTES SIN TABLA DE SALVACIÓN.
NO QUEDABAN NUBES A LAS QUE ASIRSE; 
ROBARON SU FORMA VARIABLE,
  SU SUSTANCIA ETÉREA Y 
SU EXISTENCIA  DE MIRADAS FUGACES NOMINATIVAS.
NADIE PREGUNTÓ
TODO OCURRIÓ SIN SU COMPLICIDAD, SIN NECESIDAD DE TIEMPO.
TRAS EL CATACLISMO SURGIÓ UN PAISAJE
DE CIENO EN UN HORIZONTE DE PESADILLAS
NACIDAS Y MUERTAS EN LA VIDA DEL INDIVIDUO
EN SU INFINITA SOLEDAD SOCIAL
ENTONCES LA NOCHE PARECE SALVACIÓN
Y LA SALVACIÓN NO LLEGA.
NO HAY LUZ, NO HAY FUEGO,
SOLO PROMETEO QUEBRADO, 
CONOCEDOR DE SECRETOS, POSEEDOR DE CASTIGOS.


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VERSOS PEQUEÑOS
REDACTADOS EN TU OÍDO


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MURIÓ EL PAYASO DE PENA.
MURIÓ LA PENA MAQUILLADA DE PAYASO
Y PENA SE CONVIRTIÓ EN SIGNIFICANTE Y SIGNIFICADO
EN PALABRA Y SENTIMIENTO.
Y PENA VAGÓ, ENVUELTA EN EL AZAR,
POR LA HUMANIDAD,
EMPEÑADA EN VIVIR, EMPEÑADA EN MATARSE
Y PENA GANÓ  Y PERDIÓ, PERDIÓ Y GANÓ
Y PENA FUE MORTAJA, HERIDA DE GUERRA, TRAICIÓN.
Y PENA FUE LIBRO, CANCIÓN Y MODA.
Y EL PAYASO, MUERTO DE PENA, RESUCITÓ
E ILUMINÓ CON UNA SONRISA SU ALREDEDOR.



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AYER FIRMÉ UNA TREGUA,
DESISTÍ DE DISPARARME RENCOR 
AMPARADO EN MI OSCURIDAD.



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MIL FRASES SOBRE LA VIDA,
PUGNAN POR ILUMINAR ERIALES NOCTURNOS
PORTADOS POR CUERPOS UNGIDOS POR LA RUTINA.
PROFETAS DE LA PALABRA, DE LA OCASIÓN
FINGIENDO SANAR ÚLCERAS
CON ORACIONES HUECAS.
EN REALIDAD, TODOS ESOS CUERPOS
AJADOS, DESGASTADOS
SOLO NECESITAN LA EXTREMA UNCIÓN DEL AMOR.



domingo, 23 de julio de 2017

BUENAS NOCHES

No recordaba el tiempo que había transcurrido, tal vez veinte años, desde la última vez que ambos habían acudido a un evento ajeno a su vida ordinaria. En realidad, se trataba de una especie de compromiso; la hija de un amigo participaba como actriz en un cortometraje y su madre, compañera de trabajo con la que tenía una buena relación, me había invitado, nos había invitado, al pase que se iba a producir del mismo en un aula de cultura. Con cierta desgana acepté la invitación en nombre de mi mujer y en el mío propio y aquí estamos, en esta vieja sala multiusos, perteneciente a una desaparecida caja de ahorros, sentados frente a una pantalla en la que empiezan a aparecer las primeras imágenes.
Una mujer joven, y hermosa, intuyo que la hija de mi compañera, cena junto a su marido, otro joven bien parecido, viendo la televisión sin cruzar palabra mientras ingieren unos sándwiches y una ensalada. Terminada la comida se levantan, cada uno recoge los platos, vasos y los cubiertos que han usado y los llevan a la cocina, todo ello en silencio, roto por la voz que procede de la pantalla plana situada frente al sillón, que pasan a ocupar tras volver de la cocina.
Pasan unos minutos hasta que él se levanta y se despide de su pareja diciendo: "Hasta mañana". La mujer no le responde y en la pantalla aparece un fundido a negro, que presagia desaparecer cuando se oye el sonido de un despertador. La luz de una lampara alumbra una habitación, en la que se encuentra el protagonista masculino, que se apresta a poner fin al sonido que le ha despertado. Una vez acallada la odiosa música se gira y cae en la cuenta de que su mujer no se encuentra en la cama. Se levanta y, mientras se dirige a la ducha, da las buenos días a su cónyuge, que se encuentra viendo la televisión en el salón.
Tras la ablución se dirige a la cocina y prepara café para ambos. Sale al pasillo y en la puerta del salón la pregunta si quiere que también caliente leche para ella. Vuelve a repetir la pregunta y sigue sin obtener respuesta, lo que le mueve a acercarse a ella y volver a plantear la cuestión. Al ver que lleva puesta la misma ropa que anoche, junto con su cara lívida y sus labios amoratados sabe que no va a obtener respuesta de ella.
Aparecen los títulos de crédito. El bodrio ha terminado. Su mujer y él se levantan y se encaminan hacia la salida. Por suerte la madre de la protagonista se encuentra en la otra punta de la sala y no debe mentir sobre la apreciación que la pieza que protagoniza su hija le merece. 
Justo antes de franquear la puerta mi mujer me preguntó/afirmó que cenaríamos en casa. Mi respuesta, un escueto sí. Fuimos paseando, aprovechando la fantástica temperatura, en silencio, sin darnos la mano o sin abrazos. Cuando llegamos a casa, tras cambiarnos la ropa, cada uno se encargó del cometido que, con la convivencia, sabíamos debíamos llevar a cabo para poder iniciar la cena. Yo me encargaba de la ensalada y ella del plato caliente. Tras aliñar la ensalada yo me encargaría de poner la mesa y, si ella había terminado con lo suyo, me echaría una mano con los cubiertos. En esta ocasión no tuve necesidad de abrir el cajón para sacar de él tenedores y cuchillos.
Dos tortillas francesas, una ensalada, agua, un trozo de pan y una cerveza, junto con unos cubiertos y un par de servilletas de papel, ocuparon la mesa rectangular anteriormente vacía. Cuando todo estuvo en su lugar cogí el mando y encendí el televisor. No fue necesario preguntar por el canal, siempre veíamos el mismo los sábados, y la mayoría de los días. En la pantalla aparecieron una serie de hombres y mujeres, sentados uno frente a otro que discutían, por bandos, sobre cuestiones de actualidad y Política. Daba igual el tema, siempre discutían. El silencio entre ellos solo se rompía cuando yo le preguntaba a mi mujer si quería más agua. 
Cuando terminamos con los alimentos de la mesa mi pareja me preguntó si quería un yogur o una pieza de fruta. Mi respuesta consistió en un sobrio no, gracias. Ella se levantó y, un minuto después, apareció con un yogur desnatado y una cucharilla. 
Esperé a que se lo terminase para empezar a retirar la mesa, cuestión que, como mandaba la tradición, hacíamos a medias y, una vez realizada esta labor, procedimos a sentarnos en el sillón, para continuar asistiendo a la contienda verbal de unos y otros. Las únicas palabras que se oían en el salón de mi casa eran la de un tipo gordo con gafas y otro con coleta, enzarzados en una disputa árida y sin fin.
El sueño me estaba venciendo y decidí irme a la cama. Me levanté y le dije a mi esposa que me iba a la cama. La desee buenas noches y, en ese momento, por instinto me giré, la miré y dejé escapar una ligera sonrisa (que, sin embargo, en ella pareció convertirse en un gesto de tristeza) cuando escuché que ella me miraba y también me deseaba buenas noches.

jueves, 20 de julio de 2017

DEPORTE Y ESPECTÁCULO

"Tienes que esperar cosas de ti mismo
antes de poder hacerlas"

Michael Jordan



El reciente triunfo de Garbiñe Muguruza ha servido, una vez más, para que en las redes sociales, en Twitter, se pueda observar a todo tipo de fauna, que aprovecha cualquier resquicio para lanzar su mensaje único y adaptado a cualquier situación. Desde el tipo que defiende que la hispano-venezolana es una traidora a la causa chavista, por decidir representar a España en los eventos internacionales, hasta la intelectual que defiende que existe machismo porque la final no se emitió por la televisión pública (la final de Roland Garrós se emitió en una emisora privada, que compró los derechos a última hora para emitir la semifinal y la final del torneo). Uno intuye que la autora de tal desfachatez y algunos otros entes similares que pululan por ahí, no dudarían en poner el grito en el cielo si el coste de tal retransmisión nos costase a todos los españoles unos cuartos nada desdeñables.
Entre toda esta tropa existe un nivel intermedio, poblado de gente que se apunta al triunfo, viviéndolo como propio (dudo mucho que la triunfadora del torneo comparta los dos millones doscientas mil libras de premio por alzarse con la ensaladera con ninguno de ellos), y que ve en el trabajo realizado por la tenista durante estas dos semanas un reflejo de la grandeza de este país, España; lo que resulta chocante tratándose de un deporte individual, donde prima, además del trabajo, el talento que el deportista trae de serie. Si estos tipos quisieran felicitarse por algo relacionado con la trayectoria de la deportista, podrían vanagloriarse de que la ganadora del trofeo sobre hierba vino a vivir a España a los seis años para poder aprender en una de las mejores academias de tenis del mundo, sita en Barcelona, pero lo demás... También podían felicitarse si la tenista cambiase su domicilio fiscal y lo ubicase en España, en vez de en Suiza, pagando aquí sus impuestos; pero ése es otro cantar.
Sin embargo, existe un cierto número de personas, intuyo que muchas, que ven el triunfo de la deportista como la suma de esfuerzos solitarios, sinsabores, dolores musculares y, en determinados momentos, dudas sobre el camino emprendido. En otras palabras: el éxito como resultado de un esfuerzo anónimo, que no en todos los casos da el resultado apetecido, a pesar del talento. Y eso, querido lector, es el deporte: esfuerzo para alcanzar una meta, que no tiene porque ser un Grand Slam, una Champion o una medalla olímpica. 
Creo haber escrito alguna vez que practico deporte de forma regular. Lo hago porque me encanta y porque con el paso del tiempo, a pesar de disminuir mis facultades, encuentro unos nuevos límites que superar y una gran satisfacción cuando lo consigo. No se trata de ganar competiciones, a las que no me presento; el objetivo es conocerme, proponerme retos nuevos, por lo general pequeños, que aumenten, aún más, mis ganas de practicar actividad física. Eso, y en los deportes de equipo compartir un rato con compañeros y rivales, es la esencia del deporte. Lo que vemos en nuestras pantallas, por lo general, se puede asimilar más con el espectáculo de unos tipos con una capacidad innata para practicar una determinada especialidad, que con la esencia del deporte, aunque ellos practiquen ese deporte, siendo los mejores del mundo en su especialidad. En el fondo Messi, Ronaldo, Lebron James o Garbiñe no difieren en nada de los héroes de las Olimpiadas en la Grecia clásica o de los gladiadores o aurigas romanos afamados. Intuyo que toda sociedad necesita sus figuras relevantes relacionadas con el mundo del espectáculo, que pueden convertirse en émulos donde mirarse, los niños como modelo y los adultos si su comportamiento extradeportivo resulta un modelo moral a seguir (creo que aquí no se puede incluir al deportista que más dinero ha ganado en los últimos tiempos, Floyd Mayweather).
En realidad, lo que la gran mayoría de la gente practicamos es deporte para sentirnos bien e intentar conocer nuestros límites reales. Una de las experiencias más extrañas, y divertidas, consiste en, tras unas jarras de cerveza, o tras unas copas, empezar a hablar entre amigos de los deportes que practicamos, del esfuerzo, de la sensación de bienestar tras la ducha, siendo lo mejor de todo, que todos sentimos las mismas sensaciones, todos tenemos días malos, días de plenitud y que no nos cuesta nada traducir el nombre que cada uno a puesto a esas sensaciones. Eso es el deporte, y puede que una resaca al día siguiente. Y, lo curioso, es que todos los que practicamos deporte sabemos que detrás del triunfo de Garbiñe se encuentran muchas horas, días, meses, años de trabajo, de esfuerzo, de dolor, de dudas, de superación, porque, que nadie lo olvide, en eso consiste el deporte.
Un saludo.

domingo, 16 de julio de 2017

DIECISIETE DÍAS

Diecisiete días pueden suponer una muesca en una vida o un cúmulo de experiencias intensas de diverso cariz. Estos últimos diecisiete días de mi existencia se han asemejado más a un tobogán sin fin, con virajes continuos y recovecos inesperados (tal vez en los últimos tiempos casi todo se pueda comparar a un cúmulo de situaciones diversas e interesantes). Diecisiete días que no han sido míos, pero sí para mí. 
Ha habido momentos para contestar, sin preparación previa, por qué Alá es un dios. No creo haber salido mal parado respondiendo que es un dios porque sus seguidores creen que su dios, como el resto de dioses, creó el mundo, los animales, el hombre y a éste le dijo como tenia que vivir. Lo único que varía entre Alá y otros dioses es la forma de crear el mundo y al hombre y algunas normas sobre como vivir.
Durante un rato he conseguido rescatar el gusto, que no recuerdo cuando perdió, de mi peque por hacer rutas por el campo. Aunque haya sido en un paraje entre eucaliptos y pinos (algún roble joven pugnaba por recobrar a los moradores originales) el marco que envolvía el camino, mar límpido y frío, constituía un aderezo sin igual. Culminar la marcha en una playa, considerada por alguna revista de renombre como una de las mejores del mundo (una chorrada como otra cualquiera), constituyó un buen colofón.
Al fin conseguimos rendir a ese fonema vibrante y malvado que tanto se resistía. El esfuerzo, tan poco reconfortante para él como para mí, se convirtió en la casi total generalización. Reír, perrear, desbarrar, repetir... (Gracias Javi y Pilar).
Un cine, una película para niños y toda la música de los años ochenta como banda sonora del largometraje.  Recordar, al lado de tu hijo, todo aquello que viviste y que él no llega a comprender. Él también tendrá su banda sonora de juventud. Ésa que a su hijo, o a sus hijos, si los tiene, les sonará a chino y bastante apolillada.
El primer día, ferias y carruseles. Sus amigos. Algún amigo mío. Gente conocida, una cierta cantidad, envuelta en la distancia de una vida anterior, que cada vez considero más vacía y carente de sentido alguno. Buscando diagnóstico a dolores físicos, que desparecieron sin más, como desparecieron los lugares comunes, que nunca existieron.
Un cumpleaños, para él. Un rato de descanso para mí.
Minimizar situaciones que para él resultan importantes en ese momento. La confianza para contarte esas cosas importantes, a veces poco adecuadas para los oídos de un progenitor. Explicar que no todo el mundo nos debe caer bien. Explicar que la gente no es buena ni mala por su religión, por sus ideas políticas o por otro tipo de etiquetas. Explicar que a las personas se las puede considerar buenas o malas por sus actos.
Comer con amigos. Adueñarse de la expresión de un crío de su edad: ¡Qué pereza! Adquirir una banda sonora de dos letras para dieciséis días. Intercalar las dos palabras con: "He sido muy malo", extraído de la película con temas de los ochenta.
Un poco de arte. Visita a un museo de arte contemporáneo. Alucinar con Salvador Dalí y con el surrealismo, en especial por la gran cantidad de penes que aparecen en los grabados que vimos. Un pequeño no se olvidará de Salvador Dalí ni del surrealismo, aunque sea por sus representaciones fálicas. Picasso, Magritte o Juan Gris, entre otros, parecieron llamar menos su atención. Por cierto, descubrí una obra de Tápies que me gustó. Jamás pensé que pudiera ocurrir. 
Parque, mucho parque. Patín, fuente,  agua, pistolas de agua, ropa mojada, niños y niñas (alguna gitana) para jugar y pasar el rato. 
Mis amigos. No todos, pero casi. Los de siempre. Comer, beber, jugar con mi hijo, querer a mi hijo. Mis amigos. 
Nueva comida en la carta gastronómica del pequeño: rape. Me encanta que pruebe cosas y que, algunas de ellas, entren a formar parte de su repertorio. Me gusta hacer un esfuerzo e ir, de vez en cuando, a algún buen restaurante, para que pruebe cosas nuevas, que yo he pedido para mí. 
La diferencia entre unos mejillones al vapor comidos al ladito del mar, del que se han extraído (las bateas afloran unos kilómetros más allá) y unos con la salsa típica, en teoría los mejores de la ciudad, en un lugar de interior, resulta abismal. 
Mañana de vermú, algunos artesanos y de picoteo. Noche, lluviosa, de cerveza y picoteo. Cervezas y picoteo. Amigos. Gente que se ama. Gente que supo crear su forma de vida. Personas que se buscan aún. 
Entro una red social. Los mismos tontos hablando de referéndum y machismo con cualquier (una gilipollas aseguraba  por no emitir el partido de Garbiñe en la televisión pública era machismo). El mundo, ahí fuera, sigue teniendo el mismo nivel de cretinos que hace diecisiete días. Los cretinos que, en nombre de una pretendida vanguardia, destrozan la vida a personas inocentes y a niños, que unidos a los cretinos de derechas que, en este caso, no lo ocultan conforman una fauna de subhumanos que sólo destilan odio, del cual viven moral y, en ciertos casos, económicamente. 
Diecisiete días dan para que te pare la Guardia Civil en un segundo control de carretera en menos de doscientos kilómetros y te pregunten por un bate de béisbol de plástico duro y hueco por completo. Cuando el de la pestañí cogió el minúsculo bate y comprobó que se trataba de un juguete, no creo que sobrepase los cien gramos de peso, y tras echar un vistazo al maletero y ver la sombrilla, la nevera y las palas de playa concluyó con rapidez su recién iniciado registro visual, porque debió pensar que poco atentando podíamos cometer un niño y yo con semejante arsenal. La escena del bate de béisbol creo que le resultó tan surrealista al de verde como a mí. O eso creí ver cuando le miré tras comprobar que en una revista infantil de cuatro euros no suelen regalar armas de destrucción masiva, aunque tengan forma de herramienta beisbolera. 
Un pez globo y un marrajo, ambos tratados por un taxidermista, constituyen lo inesperado que consigue fascinar a un niño que ha escuchado hablar del veneno del pez globo y de la ferocidad de los tiburones, pero que nunca ha tenido uno en sus manos. 
Se me olvidaba Manolo, esa langosta gigante de goma, inflable, que ocupaba una parte significativa de la piscina. Manolo, el indomable Manolo, que cuando parecía que ya se había conseguido subir encima de él parecía empujar a mi pequeño jinete al fondo de la piscina. 

miércoles, 12 de julio de 2017

VISTO EN LAS REDES









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En 4°  de Educación Primaria se estudia qué es un mamífero. 


lunes, 10 de julio de 2017

MICRORRELATOS

Enterrado bajo varios metros de nieve, en una perdida zona del Himalaya, sabía que moriría en breve. Había conseguido sobrevivir, en un primer momento, al alud, pero sabía que la gruesa capa nívea acabaría convirtiéndose en su sepultura. Su último pensamiento fue para su hijo. Deseó con todas sus fuerzas que él fuese capaz de ser el primer el ser humano en coronar, por aquella vía que a él le iba costar la vía, la montaña en la que estaba abandonando la vida.



Ella se enamoró de su profesor de su Biología. Él se dio cuenta y aceptó el reto. Ellos acabaron convirtiéndose en pareja. Ella se sintió orgullosa de conquistar a un hombre mucho más mayor y de gran cultura. 
Unos años después una alumna se enamoró de su profesor de Biología. Él se dio cuenta y aceptó el reto. Ellos acabaron convirtiéndose en pareja. Él se sintió orgulloso de seguir conquistando a mujeres jóvenes y atractivas.




Se comprometía a devolver todo lo cobrado. No tenía ningún problema en ello. En la publicidad de su negocio aparecía con letra destacada: "En caso de no satisfacer sus expectativas devolvemos el dinero recibido". Sin embargo, el furioso cliente no parece tener bastante con lo pecuniario. La predicción del adivino le empujó a tomar unas decisiones que se demostraron erróneas y que habían convertido su existencia en un infierno. Ahora, el iracundo reclamante, sabiendo que no podría recuperar su anterior vida , sólo quería cobrarse, cuchillo en mano, su deuda, acabando con la de la persona que había utilizado las cartas para destrozar la suya.




Estudió Filosofía porque le apasionaban cuestiones como el bien o el mal. Llevaba años, más de dos décadas, leyendo y escribiendo sobre estos conceptos, sintiéndose uno de los mayores expertos sobre el tema. Durante el proceso de divorcio pudo comprobar como un abogado sin escrúpulos y una expareja despechada y ambiciosa, aprendió que el amor puede convertirse en una forma de mal poderosa y destructiva.




Luchó duro para que su pequeño país lograse la independencia. Varios años de cárcel, reuniones clandestinas, golpes recibidos en comisaria... Y hoy, logrado el objetivo, situado frente al televisor comprueba que entre los ministros  del nuevo Gobierno de su país se encuentra su antiguo jefe, el mismo que le hizo la vida imposible a él por su nacionalismo y que, hasta hace bien poco, se alienaba con los ocupantes de su país. 




Comprobó que todo se encontraba en su sitio. Rezó por última vez. Cuando vio a su hijo bailando, a unos pocos metros de él, no pudo hacer nada. Acababa de activar el mecanismo de activación de su cinturón explosivo. 

miércoles, 5 de julio de 2017

DISTOPÍA Y REALIDAD.

“La oscuridad no puede sacarnos de la oscuridad. 
Solo la luz puede hacerlo. 
El odio no puede sacarnos del odio. 
Solo el amor puede hacerlo”.

Martin Luther King


Esta noticia recoge todas las incongruencias en que ciertos movimientos han caído con su forma de intentar imponer una visión parcial, e interesada, de la realidad. 


Leyes ad hoc, realizadas por un gobierno para fidelizar a colectivos, que a la vez se benefician de subvenciones de ése y del posterior gobierno. Buenos y malos por decreto. Problemas que siguen existiendo y que a casi nadie parece interesar erradicar. Visión deformada y caricaturesca de la realidad; cuestiones individuales utilizadas como categoría. Castigo, mucho castigo, porque su moral se basa en el castigo para los que no piensan como ellos... Un cóctel perfecto para que los fanáticos de siempre de arracimen en torno a nuevos temas, sobre los que sólo ellos pueden entender y opinar y sobre los que crear una moral única. Los sucesores de los nacionalcatólicos, muchos de ellos autodenominados progres, aprendieron de sus mayores la importancia de adueñarse de la moral colectiva.


Entre esos nuevos temas se encuentra la desigualdad de salarios entre el hombre y la mujer. Merece la pena ver este extracto de un programa de la La Sexta, donde expertos en el tema aportan una visión diferente.



¡Vaya! Parece que la verdad no se parece a lo que nos presentan unos y otros. Excepto en un aspecto: sí existe una diferencia clara entre lo que cobran los hombres directivos y las mujeres directivas. ¡A ver si todo esta movida va a ser por eso! Porque jamás hemos visto pedir que haya igual número de mineros que de de mineras, ni de fontaneros que de fontaneras, de conductores de autobuses hombres y mujeres. Tal vez todo ello sea, porque la conductora de autobús, de una conocida compañía de origen asturiano, con la que me cruzo todos los días cuando voy a currar, se ha tenido que currar aprobar las psicotécnicos, de más de tres horas de duración, ella sola, para poder trabajar, igual que sus compañeros, en dicha empresa. Tal vez sólo sea eso: hay gente que consigue cosas por mérito propio y otras que aspiran a medrar en puestos de consejos de dirección asignados de manera digital. Sería interesante recordar donde han acabado algunas de las mujeres de este país que han clamado por la igualdad salarial, incluso desde un ministerio. Le puedo asegurar al lector que en la ONU cobran mucho más que la mujer conductora de autobús de la que hablaba hace un momento.


Volviendo a lo de la violencia en la pareja, merece la pena echar un vistazo a esta noticia:

http://www.elconfidencial.com/espana/2017-06-27/maltrato-gay-lesbianas-intragenero-violencia-lgtb_1404557/

Los datos, exagerados o no, están ahí. No sólo están ahí, sino que de aproximarse a la realidad, mostrarían  dos hechos importantes: las mujeres homosexuales maltratan con mayor frecuencia que los hombres homosexuales y el maltrato en las relaciones se da en un porcentaje muy alto. Intuyo que estos datos no los va a airear Boris Izaguirre o alguno de los voceros del Grupo Prisa o de eldiario.es, se les podía desbaratar el tinglado y no es cuestión de eso. Su mundo de heteros blancos malos y opresores, heteropatriarcado creo que lo llaman, se les podía desmoronar y tendrían que molestarse en hacer periodismo.

Imaginemos que en un país la primera causa de muerte no natural, unas cuatro mil personas por año (más del doble que la segunda, los accidentes de tráfico), no interesa a casi nadie.
Imaginemos que en ese país no existen campañas para prevenir que el número de personas muertas por esa causa aumente cada año.
Imaginemos que, sin embargo, en ese mismo país se destinan miles de millones de euros a causas de muerte no natural que generan unas sesenta muertes al año.
Imaginemos que de esas casi cuatro mil personas muertas al año, unas tres mil sean hombres y algo menos de mil mujeres.
Imaginemos que ese país se llama España y esa causa de muerte se llama suicidio.

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/03/30/56fb9dc5ca47413d358b4604.html

Dejemos de imaginar, por desgracia es la realidad, pero, obviamente, no merece la pena mostrar una verdad sórdida y dolorosa. Sigamos haciendo carreras por la mujer, desfiles con carrozas patrocinadas por grandes multinacionales, que despiden a empleados por ir a la huelga:


http://www.publico.es/sociedad/trabajadores-deliveroo-despedidos-apoyar-huelga-repartidores.html

Folklore, neoliberalismo y causas elegidas, y deformadas, hasta la caricatura, para que tener al personal entretenido y controlado.
Un saludo.